La voz de la rutina

Yo no sé tu, pero muchas veces me encuentro con el desafío de vivir mi rutina diaria con alegría, gozo, entusiasmo y energía, sin embargo, es díficil encontrar todos estos elementos en una misma mañana, y sobre todo, terminar el día con alguno de ellos.

Hoy ha sido un buen día para mí, no puedo quejar, y aunque me levanté pensando en todo lo que tenía que hacer, no me detuve a analizar mis emociones… la gente hace esto a menudo, el “overthinking” está por todos lados, una voz molesta en la cabeza, que realmente no está escuchando lo que pasa en el tiempo y el espacio físico, sino que se concentra en los miles de sonidos internos, que en la mayoría de los casos, no tienen nada importante que decir.

Sin la respuesta acertada contra la ansiedad o para controlarla, solo con una herramienta útil para compartir, puedo escribir, que he encontrado un nuevo hábito: independientemente de lo que mis emociones tienen que decir a las tres de la madrugada, o la apatía matutina, estas no son dignas de escuchar para sobrevivir la rutina, LES PRESTO MENOS ATENCIÓN. Porque no es lo que quiero hacer al fin de cuentas, solo sobrevivir… quiero vivir el día a día; para disfrutarlo solo necesito una emoción, y esa no viene integrada, esa se construye con las acciones y decisiones que son motivadas por el carácter, la felicidad solo existe cuando cada fibra de nuestro ser trabaja por conseguirla, la aprendemos o la olvidamos.

      Por la felicidad se lucha, o no; se hace, o no.

Las distracciones de las frustraciones constantes, la autocompasión y la voz del miedo, son las que usualmente chupan de nuestro ser las ganas de intentar, de hacer y de crear. No es sorpresa, pues, que después de prestarles mucha atención, nadie quiera hacer nada, nadie quiera ni aprender ni mejorar, son voces que si se escuchan una vez, reclaman caprichosamente cada vez más de tí.

Un nuevo hábito para no sobrevivir a la rutina: deja de escuchar solo a tu corazón, cuando las únicas emociones que puede darte son las que impulsa la voz de la inseguridad, escucha lo que tienes que hacer, escucha la voz de los demás, la voz de los que quieren ser oídos, la voz de los que necesitan de tí, la voz de los que están en necesidad material, escucha la voz de los que necesitan amor o a un amigo, sólo así, las palabras desesperantes que agobian el alma se acallarán, y así la paz pondrá la tierra fértil para sembrar alegría, gozo, entusiasmo y energía.

 

 

Masiel
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